La “rebelión” de Lutero

Ignacio Pérez del Viso sj
Para Revista Criterio Digital

El 31 de octubre de 1517 se inició la reforma luterana. Para los católicos fue el comienzo de la “rebelión” luterana, que dividió a la cristiandad occidental, después de la separación de la Iglesia de Oriente, en 1054. Pero cabe preguntarse si en 1517 hubo realmente tal “rebelión” contra la Iglesia.

Para algunos católicos, no tendríamos nada que celebrar el año próximo, porque se festejan los aniversarios de matrimonio, no de divorcio. La herejía luterana sería un divorcio que separó de la Iglesia a gran parte del norte de Europa. Recordemos, primero, qué ocurrió aquel 31 de octubre. Se dice que Lutero clavó sus 95 Tesis como un gesto de rebelión contra la Iglesia de Roma, y se lo pinta con aire desafiante. Pero ese cuadro no corresponde a la realidad. Hubo sí una polémica, como era frecuente en aquella época, que originó una “grieta” cada vez más amplia. Pero desde el Concilio Vaticano II (1962-1965) se ha reducido notablemente la grieta. El 31 de octubre de 1999, fecha simbólica, se firmó el acuerdo sobre la Justificación por la fe, tema central que nos separaba, según Lutero. De este modo venimos reconstruyendo la figura del reformador y del movimiento luterano.
Sin embargo, son muchos los prejuicios que continúan hoy sobre los líderes religiosos de aquella época. Se lee a veces que la Iglesia prefirió perder un reino, el de Inglaterra, antes que ceder en los principios del matrimonio, permitiendo el divorcio del rey. Pero en realidad estaban todos contra el divorcio, incluso Enrique VIII. Este era un monarca desenfrenado y brutal. Posiblemente la separación de la Iglesia anglicana se habría producido igualmente, aunque se le hubiera concedido la solicitud. Lo que reclamaba el rey era una declaración de nulidad de su primer matrimonio con Catalina de Aragón. El papa Clemente VII permitió que el proceso canónico se realizara en Inglaterra (1529) y, en caso de que se declarara la invalidez, prometía de antemano dispensa para un nuevo matrimonio con Ana Bolena. Pero las presiones políticas fueron tales que el Papa terminó pronunciándose, en 1534, por la validez del primer matrimonio. Este simple hecho nos ayuda a comprender cómo los eventos fueron reinterpretados después desde el paradigma de la Reforma y la Contrarreforma.

El abuso de las indulgencias
El conflicto de Lutero comenzó con la cuestión de las ¨Indulgencias”, tema hoy menos atrayente. En los primeros siglos de nuestra era, los pecadores conocidos que se arrepentían debían cumplir una penitencia, que podía durar años, para ser readmitidos en la comunidad cristiana. Algunos morían antes de cumplir la penitencia pero se suponía que la bondad divina les otorgaría otra oportunidad, en el más allá, para satisfacer por sus culpas. Esto reforzó la idea del purgatorio. Y los familiares del difunto oraban por él para que se librara de esa pena. La Iglesia, como una madre, los acompañaba en sus deseos y oraciones, solicitándoles algunas obras piadosas y caritativas para reforzar la oración. La Iglesia entonces los tranquilizaba, asegurándoles que, por la mediación de Jesucristo, esos penitentes estaban en el cielo. A esa mediación eficaz se la llamó “Indulgencia”. Y pareció que el Papa, en representación de toda la Iglesia, era el único que podía conceder tales Indulgencias. Como los familiares y amigos entregaban dinero para obras de misericordia, comenzó a cundir la imagen de que se podían comprar las Indulgencias. Era costumbre designar un predicador para mover a los fieles a la penitencia y a las buenas obras, ganando así las Indulgencias para sus difuntos.
En las cercanías de donde vivía Lutero, el ambicioso arzobispo Alberto deseaba escalar posiciones hasta ser declarado príncipe elector, lo que suponía pagar sumas elevadas. De momento pidió un préstamo a la banca de los Fúcar. El papa León X le mostró el camino para devolver el préstamo. Se debía predicar una Indulgencia en su diócesis, durante ocho años, y la mitad de lo recaudado sería para la construcción de San Pedro, en Roma. El predicador designado por el arzobispo actuó con gran eficacia, atrayendo a penitentes lejanos, que no querían perder esa oportunidad. Lutero dice que fieles de su región acudían allá como enloquecidos. Incluso su príncipe veía con preocupación que el dinero de sus súbditos fuera a parar al territorio vecino. Lutero venía advirtiendo que, debido a las Indulgencias, los fieles buscaban huir de las penas del pecado pero no del pecado mismo. Por eso, envía una carta a los obispos de la zona, advirtiendo sobre los riesgos.
Que el 31 de octubre de 1517 haya clavado las 95 Tesis en la puerta de la iglesia no fue mencionado por nadie mientras él vivió. Aunque lo hubiera hecho, donde las colgó fue en la cartelera de la universidad. Si las dio a publicidad fue buscando una discusión entre sabios para esclarecer una doctrina que no estaba aún precisada por el Magisterio de la Iglesia. No fue entonces un acto de rebelión sino de investigación teológica. Como algunas de las Tesis podrían prestarse a confusión, publicó unas aclaraciones, con el placet de su obispo. De modo que podemos celebrar los 500 años del día en que Martín Lutero motivó un avance en la teología. Como las Tesis no estaban destinadas al pueblo sino a unos pocos doctos, en marzo de 1518 escribió para el pueblo “El sermón sobre las indulgencias y la gracia”. El supuesto “rebelde” se muestra como un pastor religioso. Escribe una carta al Papa en la que adhiere al magisterio de la Iglesia, aclarando que él no está de acuerdo con algunas opiniones “de escuela” o de corriente teológica. “Puedo errar –dice–, pero no es lícito hacerme hereje”.

La excomunión de Lutero
Los amigos del predicador acusan a Lutero en Roma. Entretanto, el capítulo de los agustinos, en Alemania, respalda plenamente las posiciones de Lutero, quien apela al Papa, incluso a un futuro Concilio, que en esa época parecía lícito hacer. Lutero se va convirtiendo en un héroe de la nación alemana por sus denuncias contra la avaricia de la curia en Roma. Se va enfrentando cada vez más con el Papa, cuyas preocupaciones eran la cacería, el teatro y los banquetes. Considera que en Roma se ha instalado el Anticristo, opinión que en distintas épocas tuvieron grandes hombres respecto del Papa que les tocó soportar. Se multiplican sus escritos en forma increíble. No tenía el don de la mesura y llevaba sus afirmaciones al límite de lo permitido.
Finalmente, una bula publicada a mediados de 1520 condena 41 proposiciones de Lutero, conminándolo a que se retracte. Un primer problema es que algunas de esas proposiciones eran sostenidas por católicos respetables. Otro, que la “censura” no especificaba cuáles eran heréticas y cuáles sólo “ofensivas de los piadosos oídos”. Por último, algunas de esas afirmaciones son defendidas hoy por todo el mundo, como la Nº 33, que dice: “Quemar herejes es contra la voluntad del espíritu”. Pero debía retractarse de todas, no de algunas. Por eso le diríamos hoy: “Lutero, no te retractes”. Pero al no retractarse, quedó excomulgado a principios del año 1521. Por todo lo dicho, considero que la excomunión de Lutero fue nula. De todos modos, levantarle hoy la excomunión, como pidieron algunos, carecería de sentido, ya que la excomunión es una disposición medicinal para que el fiel retorne al buen camino mientras peregrina en esta vida.

La confesión de Augsburgo
Años después, tras polémicas en todos los frentes, se tuvo la Dieta Imperial de 1530 en Augsburgo para especificar los errores de los protestantes, según unos; para lograr la unión, según otros. Lutero no podía asistir porque estaba proscripto en el Imperio. Estuvo Melanchthon, su brazo derecho, quien escribió y presentó la Confesión de Augsburgo, convencido de que iba a ser aceptada por la parte católica. Según él, toda la discrepancia era sobre algunos pocos “abusos”. El escrito tenía dos partes: la primera se refería a los principales artículos de fe; la segunda, a algunos abusos como la práctica de las indulgencias, el uso de las excomuniones, etc. Para lograr la unidad, bastaría estar de acuerdo en los artículos de fe. En los usos eclesiásticos podría haber variedad de posiciones, como en la ordenación de hombres casados en Oriente, la comunión con el cáliz, etc. “No tenemos ningún dogma que se aparte de la iglesia romana. (…) Veneramos la autoridad del romano pontífice”, dice el texto. Al final, sólo pide que el Papa les conceda el cáliz para los laicos y el matrimonio de los sacerdotes. La parte católica, trabajando a marchas forzadas, presenta en la Dieta una Refutación de ese escrito, de 350 hojas. Entonces Melanchthon, decepcionado, escribe la Apología de la Confesión, donde endurece las posiciones. Se perdió allí una gran oportunidad.
Se dice que el Concilio de Trento fue convocado para enfrentar la Reforma luterana. En realidad, fue convocado para reformar la Iglesia y lograr la unidad. Fueron invitados delegados luteranos, que estuvieron presentes en 1552, pero poco después el Concilio sufrió una interrupción. La Compañía de Jesús es recordada como la orden religiosa fundada para combatir a los luteranos y demás protestantes, lo que es un error. Fue constituida para la reforma de la Iglesia. Cuando san Ignacio de Loyola comenzó los Ejercicios en la cueva de Manresa, semilla de donde brotaría la orden de los jesuitas, tenía quizás una cierta idea del conflicto con el monje alemán. Sin saberlo y por caminos diferentes, utilizaban un método con grandes similitudes, basados en el ministerio de la Palabra, como se dice en la Fórmula del Instituto de la Compañía.
En síntesis, considero que Martín Lutero no se rebeló contra la Iglesia católica sino contra los abusos en la Iglesia, que denunció vivamente. Pero más importante que la denuncia profética fue el anuncio de un retorno al Evangelio. Ahora bien, el tema del anuncio, es decir, el contenido de la reforma luterana, será motivo para otra nota, abierta a la esperanza.

El autor es Profesor en la Facultad de Teología de San Miguel

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