La mendiga y las bolsas


No, el mal no sale del suelo ni la miseria brota de la tierra:
es el hombre el que engendra la miseria, como las águilas levantan vuelo hacia lo alto.
Yo, por mi parte, buscaría a Dios, a él le expondría mi causa.
Él realiza obras grandes e inescrutables, maravillas que no se pueden enumerar.
Derrama la lluvia sobre la tierra y hace correr el agua por los campos.
Pone a los humildes en las alturas y los afligidos alcanzan la salvación.
Hace fracasar los proyectos de los astutos para que no prospere el trabajo de sus manos.
Sorprende a los sabios en su propia astucia y el plan de los malvados se deshace rápidamente.
En pleno día, chocan contra las tinieblas, y andan a tientas al mediodía, como si fuera de noche.
Él salva al huérfano de la espada, y al indigente, de la mano del poderoso.
Así, el débil recupera la esperanza y los malvados cierran la boca.

Job, 5,6-16

Anuncios

Resonancias del espíritu

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: